Después de un mes de curso «intensivo» la que fuera montadora de CMT Cuenca,Rosío, pasa ahora a coger la cámara tras los cambios llevados a cabo por la nueva productora encargada de los técnicos cementeros. 

¿Qué es lo que más te ha costado del cambio que supone dejar la sala de montaje y salir a la calle con la cámara al hombro? Al principio no me hacia la idea de convertirme en cámara, sobre todo cuando escuchaba a otros compañeros quejarse del peso del aparato y del trajín que supone grabar una cosa tras otra.  Ahora lo llevo bastante bien tras varias semanas trabajando, aunque no he dejado de montar porque los cámaras casi siempre montamos lo que grabamos.
¿Cómo te has sentido entre la familia de cámaras de Cuenca? Muy bien.  Los compañeros me han ayudado mucho, no solo los de mi tele (que son una maravilla) también los de otros medios como Texeda, Oriana o Reyes.  Muchos de ellos ya me conocían de antes y eso al final se nota.
¿Es importante haber pasado unos años como montadora para poder operar la cámara con unas nociones básicas? Sí, es fundamental para no empezar de cero.  La teoría la tengo controlada pero otra cosa es llevarla a cabo.  Me noto un poco lenta para grabar actos que requieren destreza como la firma de un convenio, aunque con el tiempo espero mejorar.
Después del paso de Sandra Compi por CRN eres la única mujer de los medios que se pone detrás de una cámara en Cuenca, ¿ te habías percatado? Ni me había dado cuenta.  La verdad es que todos se portan bien conmigo, no he notado ninguna discriminación por ser la única chica. 
¿Te ves mucho tiempo grabando planitos para CMT? La verdad es que le estoy cogiendo el gusanillo a la cámara, quiero aprender y hacerlo bien.  Estoy muy contenta por seguir trabajando en medios de comunicación, mi intención es poder manejar la cámara al 100% y disfrutar de la misma.

 Rosío, de Villaescusa de Haro, tiene 31 años de edad y compañera de clase de Agus en la carrera de «Teleco», realizó el pasado lunes su primer directo para CMT.  Todo un reto el de la cámara para la risueña cementera.

Foto:  Noheda 

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