No basta que te lleven en coche por caminos embarrados, que te hablen a cámara con soltura o que te ofrezcan bebida y comida acabado el servicio. También te «limpian» la suela de los zapatos llenos de barro a golpe de martillo antes de subir al coche. Son únicos y su esfuerzo para que toda la grabación de un reportaje salga bien siempre es agradecida.

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